Cerezas
Hay en ese
cerezo florecido
que deja en el silencio de la tarde
caer sus blancas ramas al camino,
un canto de esperanza renacida,
un apunte de exigua primavera.
que deja en el silencio de la tarde
caer sus blancas ramas al camino,
un canto de esperanza renacida,
un apunte de exigua primavera.
Sus minúsculas flores apretadas
en tersos ramilletes, se cimbrean
al compás de la brisa vespertina
y derraman en ella sus aromas
de lluviosas corolas esparcidas.
en tersos ramilletes, se cimbrean
al compás de la brisa vespertina
y derraman en ella sus aromas
de lluviosas corolas esparcidas.
Una alfombra de pétalos ligeros
como nieve que alada se posara,
irá sembrando armiño en los linderos,
ocultará verdores en la grama
irá sembrando armiño en los linderos,
ocultará verdores en la grama
mientras el Sol intenta
deshelarla.
Cuando desnudo ya de su
hermosura
huya del árbol la fugaz fragancia,
herida caiga la última promesa
y presta muerte su esplendor abata,
hará la vida nido en su ramaje,
habrá ganado el fruto la batalla.
huya del árbol la fugaz fragancia,
herida caiga la última promesa
y presta muerte su esplendor abata,
hará la vida nido en su ramaje,
habrá ganado el fruto la batalla.
Mario Martínez.

Precioso poema, Mario.
ResponderEliminarEnhorabuena por tu premio.
Me alegra que te gustase y gracias por la felicitación. Con un abrazo.
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